Lo que llamamos «depresión post vacacional»
Depresión post vacacional: ¿realidad o contraste de vidas?
Las vacaciones suelen vivirse como un paréntesis. Tiempo de descanso, desconexión, viajes, comidas sin prisa, conversaciones que no se interrumpen con notificaciones o reuniones pendientes. En ese contexto, la vida parece más ligera y hasta los problemas habituales se ven con menos peso.
Por eso, el regreso a la rutina puede sentirse como un golpe brusco. Lo que llamamos “depresión post vacacional” no es un trastorno clínico en sí, sino más bien el contraste entre dos escenarios: uno idealizado y otro marcado por las obligaciones. El malestar aparece cuando comparamos lo extraordinario con lo cotidiano.
¿Qué ocurre en nuestro cerebro?
Durante las vacaciones aumentamos la exposición a experiencias nuevas, actividades placenteras y espacios de descanso. Todo ello activa sistemas cerebrales relacionados con la motivación y el disfrute. La vuelta al trabajo o al estudio, en cambio, reactiva la sensación de esfuerzo, control de horarios y demandas externas. Esa transición puede generar síntomas como apatía, irritabilidad, fatiga, tristeza o desmotivación.
No se trata de “odiar tu vida”
Es importante remarcarlo: sentir bajón al volver no significa que estés en el lugar equivocado o que tu vida carezca de sentido. Sabemos describir el negro porque existe el blanco. Significa que tu organismo se está adaptando de nuevo a un ritmo distinto. Igual que al principio de las vacaciones cuesta “desconectar” del trabajo, ahora toca lo contrario: reconectar con la rutina. Y eso no siempre ha de ser negativo.
Claves para suavizar este contraste
- Permítete unos días de adaptación. No pretendas volver de golpe a la máxima productividad.
- Introduce pequeños placeres cotidianos. Un café tranquilo, una caminata al sol, un plan entre semana. Lo que disfrutabas en vacaciones puede tener cabida también en la rutina. Modifica aquellas cosas que sabes que NO te vienen bien y sí están en tu mano: ¿Si en vacaciones te notabas más tranquila sin mirar el móvil, que te parece quitar las notificaciones del 90% de las aplicaciones?
- Reestructura tus horarios poco a poco. Ir ajustando el sueño y las comidas ayuda a que el cuerpo no viva el cambio como tan brusco. Nadie podría vivir de vacaciones eternamente. Necesitamos estructura. Vuelve a ella de la manera más suave que puedas e incorporando aquello que has visto de ti estas vacaciones. Aquello que no sabías que necesitabas.
- Revisa tu diálogo interno. Pasar de “ya se acabó lo bueno” a “ahora retomo lo que también es parte de mi vida” puede transformar la experiencia.
- Planifica descansos futuros. Anticipar escapadas, actividades nuevas o fines de semana diferentes ayuda a mantener la motivación.
La llamada “depresión post vacacional” no es más que el recordatorio de que necesitamos equilibrio: espacios de disfrute, pero también rutinas que nos sostengan. En lugar de luchar contra ese contraste, podemos aprender a integrar lo mejor de ambos mundos.
Siempre con cariño,
Psicología Tres medios

