Breve introducción al mundo del apego
Una breve introducción al apego
Siempre que se dice de estar muy apegado a algo o a alguien, se suele considerar como algo malo o que puede tener consecuencias a la larga. Sin embargo, un apego se tiene con cualquier persona con la que tengas una relación estrecha.
El hecho de que el ser humano se aferra emocionalmente a las cosas es innegable. Y la existencia de los apegos emocionales no es secreto, pero la gente tiende a desconocer los tipos de apego, y cómo estos pueden afectar.
Los apegos no son defectos o dificultades emocionales que lleven a una persona a dar su vida porque otra esté feliz, es la forma en la cual reacciona nuestro cerebro ante ciertas personas y la relación que tenemos con ellas.
Los apegos se empiezan a desarrollar en la infancia temprana. Los seres humanos somos extremadamente dependientes en nuestros primeros años de vida. Al contrario de otros animales, que al nacer ya saben andar y buscar comida, los humanos necesitamos a un cuidador o más de uno para que se aseguren de nuestra supervivencia y bienestar. Ahí es donde se forma el primer apego.
El primer apego de la vida de una persona es con sus padres o cuidadores. Y la relación que mantenga con estos es la que será más propicia a manifestarse en la edad adulta con otras personas.
Pero, obviamente, no todas las relaciones con nuestros cuidadores son iguales. Cada familia o cada casa es un mundo diferente, con sus normas no escritas o sus dinámicas particulares. Por lo tanto, al igual que hay diferentes tipos de relaciones, hay diferentes tipos de apego. Pero, ¿cuáles son esos tipos de apego, y cómo se relacionan con la crianza?
- Apego seguro: Surge tras una buena relación con los cuidadores en la infancia. Cuando los cuidadores proveen un espacio seguro y de confianza, en el que te consuelan, te respetan, y al que siempre puedes volver si las cosas salen mal, se produce un apego seguro, sano.
Las personas con apego seguro confían correctamente tanto en sí mismos como en los demás. Saben establecer y respetar límites saludables. Toman sus propias decisiones con poca dificultad, y no suelen tener problemas con la intimidad.
- Apego ansioso-ambivalente: Causado cuando una figura paternal o maternal tiene cambios impredecibles en la actitud. Cuando un niño no sabe si esa figura va a ser un lugar seguro o una fuente de terror, se produce este apego, llamado ambivalente porque uno no sabe si irse o quedarse, ya que el comportamiento hacia el niño puede cambiar en cualquier momento.
Esta ambivalencia provoca necesidad de atención y un fuerte miedo al abandono. Le dan muchas vueltas a lo que podrían considerar señales de rechazo. Son muy dependientes y buscan la permanencia. Siempre están pendientes de qué piensa la gente de ellos, y tienden a pasarlo mal en momentos en los que no se sienten vistos. Suelen buscar el bienestar de otra persona para que esta no piense en apartarse de ellos.
- Apego evitativo: Causado por una negligencia emocional en la infancia. Cuando las emociones del niño no son atendidas, o los cuidadores son fríos o distantes, se produce un apego en el cual la persona tiende a alejarse emocionalmente de otras.
Este apego se caracteriza por evitar tener relaciones cercanas y no compartir sus sentimientos. Tienen una independencia excesiva, buscan apoyo solo en ellos mismos, no en los demás. Evitan el compromiso y las relaciones interpersonales prolongadas debido a la carga emocional que estas suponen. Suelen desconfiar de los demás, y les cuesta mucho empezar a confiar en alguien, por muy cercano a ellos que sea.
- Apego desorganizado: Este es causado por una relación de terror y angustia con sus cuidadores. Cuando la persona que se supone que te tiene que amar y respetar, te agrede (física o psicológicamente), dos partes de la mente chocan. Una es la que te impulsa a estar más cerca de las personas a las que estás apegado, y otra, que te dice que evites y te alejes de las cosas que te dan miedo y te hacen daño. Por tanto, quieres estar cerca y lejos de esa persona al mismo tiempo. No se debe confundir con el ansioso, ya que en el ansioso simplemente encuentras a las personas como impredecibles, y buscas que no se repitan las ocasiones en las que te sentiste abandonado. En el desorganizado, tiendes a sentirte abandonado todo el tiempo, pero sigues queriendo a esa persona. Está muy conectado con el trauma, la disociación y, en casos extremos, trastornos como el límite de la personalidad.
Las personas con este apego tienen mucho miedo al abandono y dificultad para gestionar sus emociones correctamente, a veces siendo impulsivos y dañinos sin quererlo. Suelen tener problemas para describirse a sí mismos, considerando que tienen demasiadas facetas como para ver una visión propia correcta.
Sin embargo, los apegos tal y como están descritos no determinan el comportamiento de una persona palabra por palabra. Se pueden tener varios apegos distintos con diferentes personas, y no siempre cada apego sigue las normas de sí mismo al pie de la letra.
“Los apegos no son tatuajes” (nos dice Lucía Hernández)
Los apegos se pueden trabajar y modificar, no estamos destinados a tener un tipo de apego para siempre. Los apegos son una escala de grises por la que podemos viajar sin muchas dificultades, y, tratándolo en terapia, todos podemos llegar a tener un apego seguro en todas nuestras relaciones.
Siempre con cariño pero esta vez,
Victoria Izquierdo Dos Santos (Alumna de 4ºESO+EMPRESA)

